Un cuento de Cristóbal Valenzuela
Cuando Pedro apagó la computadora María observaba la pantalla con impaciencia. Esa última frase en el messanger no había sido muy alentadora... por qué importa tanto el maldito color del vestido y luego ese paliducho icono verde esmeralda con el mensaje de “vuelvo enseguida...” Pedro, ¿estas ahí? tecleaba y del otro lado nada, salvo esa horrible media figurita marcando la ausencia, adónde va a salir si en Chile son las cuatro de la mañana y Pedro que no aparece, qué andará haciendo, ya es muy tarde, el muy desconsiderado, si se había puesto de acuerdo para chatear temprano, justo antes de que ella saliese de su hotel a su largo periplo de compras por Madrid. Como si ya no fuera suficiente trabajo pensar en los invitados, contratar el cóctel, conseguir hora en la Iglesia y más encima comprar el ajuar... Pero Pedro, como siempre, tan práctico, había dicho que ese viaje estaba demás, para qué ir a Madrid si se podía encargar todo por Internet, el cóctel, los músicos, la banquetera, los partes; haces click, pagas con la tarjeta y listo, pero “no” dijo ella, eso estará bien para una fiesta con tus amigotes de la universidad, pero no para nuestro matrimonio. Ella sabía que habían cosas que era mejor hacerlas por si misma, hay algunas cosas que se pueden hacer delante de la computadora, pero otras no Pedro, tienes que ser más romántico, la computadora está para escribir cartas y hacer sumas, mandarse mails con las amigas, vitrinear un poco, pera nada que pueda reemplazar a las cosas verdaderamente importantes... Tocar la textura de las telas, conocer la cocina dónde van a hacer los pastelitos y los bombones de trufa del cóctel dulce, ir a visitar la florería y comprar miles de cosas que por más que busques en Chile no las encuentras, es que nolasencuentras, NOLASENCUENTRAS, Pedro, como el color exacto para que el vestido combine con el tono del pelo, la piel y los ojos, y él diciéndome sólo, que el blanco me queda perfecto, sí es cierto, es blanco, obvio, pero eso es tan obvio como decir que no se puede llegar en taxi a la Iglesia... A veces hablarle a Pedro es como hablar en chino porque no entiende nada, se pone tarado, como una puerta y la inteligencia de un lata de cerveza... Acaso no sabe que el universo está lleno de matices, que para él que es un bruto no existen... como no saber que hay encajes, pliegues, bucles, prendedores, caídas, rellenos únicos y pensados para una novia como yo ... luego Madrid no era transable por nada del mundo, cómo se te ocurre... Y ella allí a unas cuadras de la Puerta del Sol lista para salir y el endemoniado icono decía ahora como una bofetada, PedroelGrande no está en linea, PedroelGrande, el muy ególatra, como si fuera en verdad grande, lo único grande que tiene es su egoísmo y sus ganas de preocuparse por sí mismo, porque cuando ella necesitaba algo, era la última prioridad, su gran Pedro... Por ejemplo cuando le pidió que la ayudara a instalar el messanger y él le dijo, pero... ¡cómo no vas a poder hacerlo!, eres muy lesa y ella allí aguantándose la rabia y no insistiendo, cuando ya se lo había instalado a todos sus amigos y a esa amiga suya de la oficina, la rubia esa, de la que siempre hablaba, que nunca había invitado a la casa, pero a la que ya le conocía la cara de tonta de memoria, pues la había visto en demasiadas ocasiones cuando lo miraba por sobre el hombro cuando se ponía a chatear, además, las cambiaba a cada rato la muy fresca, una vez incluso parece que la vio en bikini, pero justo Pedro se dio cuenta de su solapado espionaje de reojos y apagó la pantalla y ella le preguntó por qué apagaste la computadora y él dijo es que ya terminé mi amor y la convenció con un beso tierno, porque Pedro sabía ser tierno cuando quería serlo, por algo la había enamorado, pero se pasaba horas delante de la pantalla, instalado después de la pega hablando de “negocios” como me dice, preparando las reuniones del día siguiente con la rubia, rehaciendo los power point que el jefe les había enviado... Y Pedroelgrande se despedía enviando una flor roja y unas gracias en mayúsculas, nos vemos mañana, el muy imbécil... Hasta que ella se aburrió de esperarlo y quiso aprender a navegar y conversar con sus amigas y le pidió ayuda a su hermano más chico para que le instalará el messanger, los niños de ahora nacen con la computadora en las manos, que le habló mil cosas cuando lo hacía, de la bajada del programa, del click para el icono ejecutar, que ella no entendió y escuchaba como si no estuviera allí porque estaba pensando en la rubia y en Pedro y al final le dijo, anda dale, te doy 10 lucas, sólo instálalo y te prometo no contarle a mamá que la llamaron de la escuela porque le mandastes una fotos con niñas piluchas al Director del colegio, y que voy a ir yo por ella a dar las excusas, pero sólo si me haces un favor más... si me enseñas a revisar los mails que ya me llegaron, es que quiero encontrar la dirección de una amiga y el hermano chico, ya, pero júrame que vas tú al colegio, yo voy, no hay problemas, pero cómo se hace, si es super fácil, mira te vas al outlook, te metes en edición, luego en buscar y colocas el nombre de tu amiga, o su dirección electrónica o el asunto, en fin, la fecha, hay muchas maneras, sí, en verdad, es fácil, gracias, cuándo hay que ir al colegio, pasado mañana, no te preocupes, hasta que llegó el día que esperaba y se enfrentó a los hechos. Pedro había salido un rato de casa y allí estaba con el correo abierto y puso buscar y apareció una lista larga de mail de la rubia imbécil y no había mucho que decir, estaba escrito en un idioma que no entendía, eran letras y símbolos, no sabía si español o alemán, pero entre medio unas figuras, unos corazones, una lengua, una boquita roja, tan abstraída estaba que no escuchó que Pedro entraba a la casa y el escándalo que se armó cuando la vio leyendo sus correos y ella astuta, la mejor defensa es un ataque, por qué te enojas tanto, acaso tienes algo que esconderme con la rubia y Pedro que no era tonto, cómo se te ocurre amor, te amo a ti, tú eres la única, y si es cierto ¿por qué te escribes en clave con ella? y él explicándole que era porque las materias que hablaban con la vieja Jacinta , que así se llamaba la rubia, la Contralora de la empresa, una solterona amargada, eran de alta reserva y había un código de seguridad interno para que otros no fueran a hacer lo mismo que hizo ella, es decir, es fácil meterse a ver los mails de trabajo de otros, entonces POR SEGURIDAD DE LA EMPRESA, se había creado el código, mi amor precioso, los hackers, los bandidos informáticos están en todas partes y le daba un beso, y le daba otro, no sea tontita, que nos vamos a casar y he estado pensando tanto en eso, en lo linda que te vas a ver con tu vestido de novia, en el departamento que nos compramos en la torre, porque nos gusta tanto ver la ciudad desde lo alto, dentro de las nubes donde construiremos nuestro hogar, por lo que he estado pensando que el viaje a Madrid estaría genial, es que tienes tanta razón en eso mi linda, para nuestra boda debes estar más preciosa que nunca, así que te vas de compras y Pedro el Grande nuevamente se movía con destreza mientras con una mano le acariciaba el pelo y con la otra disimuladamente apagaba la computadora y desaparecían en el ciberespacio los mails y el código secreto de la empresa inventado para él y la vieja Jacinta... Y ahora me sale con esto, después que insistió en el viaje a Madrid, que no le importa el color del vestido, yo sé que lo he preguntado demasiado, pero no quiso que viajara con mamá, me dijo que era hora de empezar a ser independiente pero si hubiera venido con ella de seguro no tendría tantas dudas, ya habría comprado todo y no tendría que haber extendido el viaje, ni siquiera le pude decir que había reservado boletos electrónicos en el sitio de la línea aérea que me vendió los pasajes para llegar a España y partir a París mañana, pues había visto una tienda lindísima en un web de novias de Francia, pero mejor no haberle contado, pues si ya estaba enojado con la preguntita del color del vestido se habría puesto peor con la escapada a París... Y si lo llamo y le cuento, pero allá son las cuatro treinta de la mañana y Pedro tiene que levantarse temprano y ya me esperó lo suficiente, es que él es tan amoroso, pero se pone bien imbécil a veces, como ahora que se salió de la conversación después de esa frase tan lapidaria sobre el color del vestido, si Pedro sabe que es muy importante... Pobrecito tal vez tuvo un mal día y se quedó dormido, se debe estar helando, con el frío que hace en Santiago, se me va a resfriar, mejor lo llamo, hola Pedrito como estás y la conversación se corta, vuelve a marcar una. dos, tres veces y nada comunica con Chile, marca otra vez y las líneas están muertas y nada, la conexión no sirve, se devuelve a apagar la computadora, hablaremos más tarde, a la vuelta de las compras, pero se da cuenta que la página está caída, intenta conectarse y el servidor dice error de conexión, se mete a su messanger y no hay ningún amigo chileno en la línea e intenta entrar de nuevo y todo esta en el suelo, decide probar su mail conectado al sitio del servicio de noticias y después de media hora la página se despliega, una noticia urgente parpadea en la pantalla, terremoto en Chile, informes preliminares hablan de centenares de muertos, cortes de caminos y caídas de puentes, un par de modernas torres en el suelo y la página que sigue actualizándose toda la mañana madrileña mientras ella llora silenciosa al ver las fotos de esa calle santiaguina tan conocida debajo del montón de escombros que quedaron tras la caída de su edificio y el de Pedro.